El salario mínimo no es el problema. El problema es producir poco.
- 17 feb
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Subir por decreto no es lo mismo que subir productividad.
En el agro el verdadero riesgo no está en el número.
Está en la productividad.
En flores, aguacate, palma, café, cacao, banano, papa, cítricos… los márgenes son estrechos, son negocios intensivos en mano de obra, los costos laborales pesan. La competencia es global. El clima no perdona. El dólar tampoco.
Además no es lo mismo pagar un salario en Bogotá que en Urabá. No es lo mismo en Medellín que en el Meta.
El costo de vida es distinto.
La estructura productiva es distinta.
La estacionalidad es distinta.
La capacidad de generar margen es distinta.
Y sin embargo, el salario mínimo es uno solo.
Cuando el costo sube sin que la productividad suba al mismo ritmo, algo se ajusta:
Menos contratación formal
Más tercerización
Más informalidad
Más presión sobre pequeños proveedores
En Estados Unidos, muchos estados han optado por esquemas flexibles (piece rate), pagos por hora, productividad y bonos variables. No todo es salario base. En el agro, particularmente, el pago por rendimiento y por metas ha sido clave para sostener competitividad sin sacrificar ingresos.
En Perú y Ecuador, varios sectores agrícolas exportadores han crecido no porque el salario base sea alto, sino por los esquemas de incentivos.
En Colombia tenemos un reto adicional: miles de pequeños productores que, además de producir, son empleadores rurales. A ellos les exigimos cumplimiento laboral, trazabilidad, debida diligencia, estándares, EUDR… y al mismo tiempo les subimos los costos sin definir como acompañarlos para producir mejor.
Eso no es política social. Eso es asfixia regulatoria.
Si queremos mejorar el ingreso rural de verdad, la conversación debería moverse hacia:
Sistemas de incentivos por productividad
Bonos por cumplimiento de calidad y sostenibilidad
Flexibilidad horaria en cosechas
Pago variable ligado a metas reales
Formación técnica y tecnología que aumente rendimiento por hectárea
Cuando un trabajador ve que puede ganar más si produce más, la conversación cambia.
Cuando un proveedor recibe un bono por cumplir estándares, la sostenibilidad deja de ser discurso y se vuelve negocio.
He visto esquemas donde los ingresos aumentan más del 20%
No por decreto. Por diseño.
El salario mínimo es un piso. Pero no debería definirlo el gobierno.
Debería definirlo la productividad, la libertad de acordar incentivos y la capacidad de crear valor en campo.
Si el debate se queda en cuánto subir el mínimo, estamos mirando el síntoma.
Porque sin rentabilidad, no hay empleo digno que sostener.
Y sin incentivos bien diseñados, no hay productividad que crezca.



